martes, 4 de junio de 2013

La aventura de Pedro Cifuentes



El alpinista conquense escalando en Cuenca
Cuando los medios hablan de montaña, lo hacen cuando se han producido accidentes. Se asocia a la tragedia, a hechos aislados. La montaña representa la naturaleza, representa hitos, hazañas, representa un espíritu de superación y un compañerismo ‘salvaje’, pero no solo eso, es el lado que más se acerca a todas las personas implicadas en ella.

La historia de Pedro Cifuentes bien puede encajar en ese paradigma. Detrás de su historia se esconde una historia de perseverancia, preparación y superación. Una de esas expediciones que magnifican la montaña, pero que suelen quedar en un segundo plano ante cualquier accidente. El alpinista conquense, de 43 años, realizó una hazaña que no ha llenado portadas de periódico, pero que sí merece ser reconocida por todos, la primera Travesía Integral a las tres Torres del Paine. Tras dos expediciones en las que no pudo conseguirlo, a la tercera fue la vencida.


“¡DEJA DE SOÑAR!”

El alpinista conquense tiene una filosofía clara de su vida, “viajar y escalar”. Todos sus viajes los enfoca de esta manera. Yosemite, Brasil, Marruecos, Sudáfrica, Japón, etc. La lista de sitios en los que ha viajado y escalado es prácticamente innumerable. Pero aquél por el que su nombre va a estar ligado por la posteridad es Patagonia.

Desde Cuenca hasta aquella región nos separan casi 13.000 kilómetros. Esta región geográfica está situada en la parte más austral de América. Aúna territorios del sur de Argentina y Chile. Una región enorme. Cuenta con 49 glaciares y entre todos ellos destaca el Glaciar Grey, con sus 6 kilómetros de ancho y más de 260 km. de superficie total. Dicho glaciar pertenece al ‘Valle de la W’, en el que además del Glaciar Grey se encuentra el ‘Valle del Francés’ y el ‘Valle de las Torres del Paine’. 
Espectacular imagen del Glaciar Gray


La primera vez que Pedro Cifuentes estuvo allí fue en el 2000. No lo hizo solo, ya que viajó en compañía de Fernando San Isidro y su mujer. La intención de los tres era hacer el circuito de las Torres del Paine, siendo éste uno de los parques más visitados de todo el mundo (el primero es el Parque de Sherwood, en el Parque Nacional de las Torres del Paine, conocido por su asociación con Robin Hood). Se tarda unos 10 días en hacerlo, pero engloba otro más pequeño, que es el ya nombrado ‘Valle de la W’.

En ese momento surgió el idilio entre Cifuentes y las Torres del Paine. “El día que terminamos de hacer el circuito fuimos a las Torres del Paine. Estaba nublado, pero hubo un momento en que la niebla se levantó y se vieron las tres torres. Hacía mucho frío y le dije a Fernando, yo algún día vendré aquí a escalar” cuenta Pedro. La respuesta de Fernando no se hizo esperar. Le dijo: “hay que tener dos cosas claras en Patagonia, la primera, ¡deja de soñar!, cuando vas a Patagonia a escalar no vas a soñar, o haces una cosa o haces otra, pero tienes que tener un objetivo claro. La segunda, deja de soñar y vámonos, que hace frío”. Y es que en esa región cuando hace frío, lo hace de verdad.

“¡JODER, QUÉ MOVIDA!”

Hasta el 2008, regresó a las torres un par de veces pero no escaló mucho. Fue en ese año en el que logró ser el primer español en escalar las tres de forma individual. Escalaba una torre, bajaba, volvía al campamento y esperaba que hiciera bueno otro día.

Él seguía viajando y costeándose todo, pero entonces pensó, “¿por qué no me busco un patrocinador?”. Claro que para ello necesitaba tener una buena idea. Fascinado como estaba con las Torres del Paine, el desafío tenía que estar relacionado con ellas. Así se le ocurrió realizar la Travesía Integral de las Torres del Paine, consistente en enlazar las tres vías.

Faltaba conseguir un patrocinador. Habló con uno de sus amigos, Gerardo, quien regentaba una conocida tienda de alpinismo en Madrid, “El rincón de la montaña”. Pedro contó su idea y entre ambos decidieron ponerse en contacto con la marca RAB. Uno de los representantes de la marca, lo llamó, hablaron del proyecto y le empezaron a dar forma. Paralelamente, también se habló con la Federación de Montaña de Castilla-La Mancha, cuyo presidente por aquel entonces era el conquense Paco Durán. Cuando Pedro le exponía su proyecto, Paco solo pudo decir “joder, ¡qué movida!”, pensando en la “locura”.

Otra persona importante en su expedición fue su community manager Leticia Martínez, quien le ayudó en la elección del material más adecuado: “Lo pesaba todo, desde una tuerca a una manta y desechaba una y otra vez materiales” recuerda Leticia.

ESCALANDO LA BUROCRACIA

Era el momento de afrontar el reto, acudir a Patagonia y hacer frente al desafío de las torres. Una vez allí no solo tuvo un reto a la hora de escalar sino para conseguir los permisos que le dieran acreditación para ello.

Para poder escalar, primero es necesario un permiso DIFROL tramitado desde Santiago que es necesario para acceder al permiso CONAF con el que te dejan a entrar a escalar. Finalmente, el permiso llegó el día en que el alpinista se iba para el Parque de Las Torres por lo que pudo respirar aliviado sabiendo que ya iba a poder escalar. 
Pedro viaja hacia su destino.

“LOS AMIGOS EN LA MONTAÑA”

El último pueblo antes de llegar al parque, es Puerto Natales, un pintoresco lugar que es considerado como la puerta de entrada al parque natural de las Torres del Paine. Pedro afronta su reto solo, pero en los momentos previos siempre se acompaña de su gente y en Puerto Natales también optó por una estancia más familiar. “En Puerto Natales yo no voy a hostales sino que voy a casa de mis amigos. Este año he ido a casa de mi amiga Lulú, una francesa que tiene una pastelería. En casa de Lulú, ultima la preparación de los materiales, el gas, un poco de comida y guardar todo bien en los macutos. Con el equipo preparado ya solo queda desplazarse al parque.

Pero si hay algún elemento en el que para Pedro es imprescindible unir trabajo y amistad es la labor de los porteadores. Ángela, Guaren y Juanjo son los encargados de llevar el material de nuestro alpinista y esa labor requiere de cercanía y confianza. “Valoro mucho el trabajo de los porteadores y prefiero que sean amigos por el hecho de compartir momentos. Prefiero subir yo el material que dárselo a alguien que no conozca”.

Pedro Cifuentes iba con todo dentro del macuto, por lo que se fue hacia la pared de la Torre Norte el día 13 de enero. “No sabía si meterme o no pero vino un día bueno y decidí ir adelante”.

"VÁMONOS PARA LAS TORRES, ¿NO?”

Antes de las torres, hay un emplazamiento de parada obligatoria. Se trata del campamento japonés, donde coincidió con varias personas, mientras Pedro llegó acompañado de sus porteadores. Este 2013 precisamente ha sido el que mayor afluencia ha tenido. "Vámonos para las Torres, ¿no?" barruntaba Pedro en su interior. "Del campamento japonés nos fuimos al campamento de altura que está justo antes de la morrena de subida" comenta Pedro, que sabe que ahí comienzan los peligros. Hay que superar una morrena, que con las condiciones climatológicas puede suponer una trampa mortal. "Si en la morrena llueve o nieva no puedes seguir andando porque resbala mucho" recuerda Cifuentes.

"¡DESEANDO EMPEZAR!"

Tocó pasar la primera noche fuera del campamento japonés.
En el campamento japonés, con todo su material
El alpinista conquense se quedó solo con Guarén, mientras ya soñaba con iniciar la escalada y comenzar su aventura. Sabía que en el momento que comenzara no iba a haber vuelta atrás y que cualquier fallo supondría la retirada. Él tiene claro a lo que va. "Yo el día que me voy de mi casa, tengo mi testamento hecho. Tengo claro que voy y si me mato pues me he muerto. Eso no me agarrota, sino al contrario, me motiva. ¡Estaba deseando empezar!" resumía el alpinista conquense, ante las sensaciones que tenía aquel 12 de enero.

"VENGO A TRABAJAR Y NO A PASARLO BIEN”

Un día después, Pedro Cifuentes se las vería con la primera pared de la Torre Norte. Por aquel entonces, ya se encontraba solo, debido a que Guarén emprendió la vuelta y dejaba a Pedro frente a su destino, dispuesto a darlo todo para culminarlo. El 13 de enero comenzaba oficialmente la Primera Travesía Integral a las Torres del Paine, lo cual significaba que también iban a ir llegando los problemas de verdad.

El primero de ellos es el porteo del material. Al realizar la aventura en solitario se hace muy costoso transportarlo. "Como fui en solitario tuve que llevar todo el material, atar la cuerda abajo y empezar a escalar" cuenta Pedro, que nos recuerda que siempre tiene que realizar 4 viajes para poder llevarlo de un
Pedro Cifuentes recogiendo nieve para
 su aprovisionamiento
lado a otro. Confiaba en poder avanzar un largo trecho, pero no iba a ser así. "El primer problema lo tuve al izar el petate del primer largo que casi no podía moverlo de lo que pesaba. Un largo me duró 3 o 4 horas" afirma, un tiempo muy superior a lo que el estimaba.

La emoción había embargado a Pedro Cifuentes. El buen tiempo que acompañaba su expedición le hizo pensar que podía avanzar más rápido. "El primer día iba con el ansia, me pudo el ansia más que la cabeza. No te puedes desfondar el primer día, estoy solo allí". La frustración acompañó la noche. "Me acosté en la hamaca frustrado por no haber podido hacer más largos. Quería hacer 10 y solo hice 3 fijando dos más. Pensaba que no iba tan rápido o que no estaba bien físicamente, pero luego pensé que el primer día es el que más peso llevas. La sensación de por la noche fue decepción de joder donde voy con la cantidad de metros que quedan y arrastrando todo este puto peso". Aquel desengaño cambió el chip de nuestro
protagonista. Se lo tomó como un trabajo. "Los días siguientes cambié el chip. Esto es un trabajo y yo vengo aquí a trabajar y no a pasarlo bien. Me puse todos los días como norma comer, beber y descansar".

"ESO NO LO HA HECHO NADIE EN EL MUNDO"

Hay una ley de todos los alpinistas que dice que cuanto menos tiempo estés en la pared, menos tiempo estás expuesto a los riesgos. Por lo que su nuevo planteamiento de pensar en horas y no en distancias recorridas se ajustaba mejor. Con sus descansos, su tiempo para dormir y descansar y sus horas escalando. Más rutinario, pero más seguro.

Nunca está de más recordar que la montaña no tiene miramientos. "Si hay desprendimientos y te rompes una pierna o un brazo estás muerto porque estás tú solo" recuerda Pedro. "Allí solo tengo un teléfono móvil y un botiquín" - continúa- "y es muy difícil montar un equipo de rescate. Y si lo montan de que llega lo tienes difícil, estás jodido". Un helicóptero se encargaría de buscarle, pero apenas despega 5 ó 6 veces al año, por las inclemencias meteorológicas.

En su segundo día embarcado sobre las Torres del Paine, Pedro avanzó bastantes metros. "Al día siguiente llegué al hombro y me llega la noticia de que viene malo. A mí me vino muy bien porque habían sido dos días de mucho trabajo, sobre todo el primer día, que me agotó física y psicológicamente. Ahí me quedé un día entero descansando que me sentó muy bien para pensar" afirma.

Pasado el día de descanso, el 16 de enero se dispone a afrontar la cumbre a la primera Torre, la Norte. El día estaba mejor, aunque aún hacía un tiempo inestable, pero la experiencia acumulada fue su guía. "El 16 amaneció regular pero yo conocía bien esa parte y estaba motivado por lo que fui hacia la cumbre de la Torre Norte. Yo sabía que arriba en la cumbre secundaria podía estar de puta madre porque ya la conocía por lo que me fui para arriba aún con el mal tiempo" cuenta Pedro. Finalmente, alcanza la cumbre principal el 17 de enero. En tan solo 5 días, llevaba realizada una de las tres Torres.

“LA MONTAÑA RUSA”

Apenas ha hecho cumbre y sigue su camino, encarando la bajada hacia la Torre Central, dispuesto a avanzar los metros que sean posibles. "Empecé a bajar y esa vía, la Monzino tiene como 400 metros. La bajé súper rápido. No sé si es que me fue muy bien o que ya conocía por donde tenía que bajar".

Al llegar al collado entre la Torre Norte y la Torre Central, Pedro empezó a oír voces. No se estaba volviendo loco ni se imaginaba cosas raras, sino que mientras se encontraba montando la hamaca para descansar, aparecieron cuatro rusos bebiendo vodka. "Cuando me vieron aparecer con los dos petates me miraban y cuando les explique en inglés lo que estaban haciendo gritaron '¿QUÉ?', y cuando vieron que no llevaba compañero dijeron '¿CÓMO?'". Los rusos empezaron a hacerle fotos mientras lo miraban como a un ser superior o incluso un extraterrestre.

Los rusos siguieron su camino y Cifuentes el suyo. Ahora tocaba hacer frente a uno de los sitios más peligrosos. Entre la Torre Norte y la Central hay una zona muy técnica y difícil. El primer largo que hay desde la Torre Central es de los más complicados y que requieren de más destreza. 
Pedro Cifuentes, en la Torre Central


Para deshacerse de los rusos, Pedro hizo lo único posible, escalar. Había completado ya una gran parte del recorrido y además se estaban dando las circunstancias idóneas para lograrlo. "Esa noche no pude dormir en toda la noche con ganas de que llegara el día siguiente. Además los rusos no paraban de tirarme piedras haciéndome avalanchas". Los amigos rusos que tenían un papel meramente presencial en esta historia, finalmente se hicieron notar.

"SUBIDONES QUE TE CAGAS"

No todos los encuentros fueron desafortunados. A la mañana siguiente, escalando a tan solo unos metros de su posición, estaban dos amigos suyos de Santiago de Chile, a los que había conocido en expediciones anteriores. Los dos escaladores son familia, tío y sobrino, y en el mundillo de la escalada se les conoce como los Señoret. En la soledad de la montaña, encontrarse con amigos y más sin esperarlo es como un soplo de aire fresco. "Cuando me los encontré me dio una alegría que te cagas. Nos comimos juntos una chocolatina que les regalé ya que iba bien de tiempo y de comida y me lo podía permitir".

Los Señoret solo tuvieron palabras de ánimo para Pedro. “¡Vamos Pedro, tú puedes! Eres un grande” le dijeron. Quizás las palabras avivaron las fuerzas de Cifuentes, ya que siguió escalando a un buen ritmo. Estaba a mitad de la Torre Central y necesitaba descansar, pero no fue fácil encontrar una ubicación buena para hacerlo. La necesidad acuciaba, porque Pedro era sabedor de la importancia de los buenos establecimientos para los campamentos para la consecución del objetivo. "Si no conoces el medio y donde
Pedro y los Señoret
tienes que descansar la has cagado" cuenta el alpinista,

Llegar a la cumbre de la Torre Central fue muy costoso. Pedro venía de conseguir hacer varios largos en muy poco tiempo, pero las travesías desde la mitad de la torre hasta la cumbre fueron más difíciles y largas de lo esperado. "Para llegar a la cumbre eran dos travesías. Me llevó hacerlas un día entero cuando yo pensaba tardar solo unas horas. Coronó la Torre Central el día 24. El objetivo estaba cerca y la expedición iba por buen camino, segunda torre conquistada y "un subidón que te cagas".

"UN REVÉS PATAGÓNICO"

Estaba a tan solo una cumbre de coronar su sueño, pero lo que hasta la fecha eran casi facilidades Patagonia iba a complicarlo. Cuando llegó a la cima de la Torre Central, Pedro llamó emocionado a Ivo Kusanovich, para contarle dónde estaba y cómo venía el tiempo. Kusanovich fue claro y directo: “Pedro, ‘date vidita’, vienen días malos. Baja y búscate un buen refugio”. El alpinista conquense ya estaba preparado para ello y era conocedor de la situación: "En un día en Patagonia son las cuatro estaciones del año. Te hace sol, al rato está lloviendo, bajan las temperaturas, se pone a nevar y luego se levanta un viento de 100km/h".

Los avances que llevaba en 12 días eran mucho más de los esperados, por lo que parar un par de días no era ningún problema. Además, quizás no sería para tanto y podría seguir con su máxima de "avanzar un poquito cada día". Así que sin tiempo de celebraciones, Pedro Cifuentes comienza la bajada.

"UN INVITADO NO DESEADO" 

Pedro Llevaba un sitio planeado para refugiarse, pero pensó que vendría mejor bajar un poquito más a una repisa. "Bajé al collado de la Central y de la Sur. Ahí hay un nevero que se va fundiendo y cae un hilito de agua. Había una placa de piedra y puse la hamaca. Cuando vinieran las inclemencias del agua y el viento a mí no me afectaría tanto. Por un lado el sitio era bueno porque tenía agua, pero por otro todo el equipo se estaba mojando. Cada media hora me despertaba y secaba el saco". Llevaba 5 días sin descansar prácticamente nada, por lo que estar un par de días en la tienda le vendría bien para coger fuerzas y afrontar la última cumbre.

Se encerró en su tienda y esperó que el tiempo le diera un respiro. "Cuando hay mucho viento encima hay unos cacho desprendimientos que lo flipas" recuerda. Hasta la llegada del mal tiempo la aventura iba perfecta. "Yo no imaginaba que los días que estuve encerrado fueran a ser tan malos" cuenta Pedro.

Hasta 8 días tuvo que estar encerrado en la tienda. Incluso durante dos de ellos no pudo salir debido a que las cremalleras se congelaron. El tiempo no daba tregua y las provisiones se iban agotando. Ésa era la mayor preocupación de Pedro Cifuentes. “Iba bien de tiempo, pero las condiciones climatológicas ponían en peligro la expedición”.

En cuanto vio un rayo de sol, no se lo pensó. Cogió su petate, recogió el material y encaró la última parte de la expedición. Quedaba subir la Torre Sur y realizar la bajada. Pedro tuvo la fortuna que faltó los días anteriores, ya que hizo la parte final sin complicaciones. Pero los problemas llegaron en la bajada, cuando las vías por las que debía pasar no estaban fijas. Unido a su debilidad física, tuvo que tirar el petate, con su consiguiente pérdida, y bajó como buenamente pudo. Pero bajó aquel 11 de febrero.

29 días después y 8 kilógramos menos, Pedro Cifuentes conquistó las Torres del Paine. A su regreso, las felicitaciones le llegaron por medio mundo, aunque la gente desconoce que quien maneja sus perfiles sociales es Leticia Martínez. “Contesto como si fuera Pedro, aunque la vivencia fue suya. Pero me emociona ver un reconocimiento a su persona, sobre todo los que hemos formado parte de su expedición desde el primer día”.

Tres torres, tres intentos, tres años. Un solo hombre, una sola hazaña, un sueño conseguido. Pedro Cifuentes conquistó Patagonia.

Vías de escalada que realizó Pedro Cifuentes

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